Contrappto

Por qué le dije NO a la IA para generar contratos

Por Juan David Vanegas Roldan27 de julio de 2026

IA en los bordes, flujos en el núcleo.

Mientras casi toda la industria corre a meter inteligencia artificial generativa en el corazón de sus productos, yo tomé la decisión contraria, y la tomé a propósito. En Contrappto, la IA no genera ni un solo contrato. Ni una cláusula. Ni una coma de un documento que alguien va a firmar. Descubrí que en estos casos, la IA es una trampa.

No lo digo desde la desconfianza de quien mira la tecnología desde afuera. Soy abogado y soy desarrollador de software, titulado en Digital House y con múltiples cursos en Platzi y otros proyectos para diferentes clientes y tecnologías. Construí el producto y también escribí su contenido legal. Precisamente por estar de los dos lados a la vez llegué a una conclusión que, en 2026, suena casi herética: hay un lugar donde la IA no debe estar, y el contrato es exactamente ese lugar.

Un contrato no puede alucinar

El problema no es que la IA sea mala. El problema es lo que está en juego.

Cuando un modelo de lenguaje se equivoca escribiendo un correo, corriges el correo. Cuando alucina en una receta de cocina, se te quema el almuerzo. Son errores baratos. Los ves, los arreglas, sigues con tu vida.

Un contrato juega en otra liga. Un modelo que inventa una cláusula no te entrega un documento "casi bien": te entrega una bomba de tiempo con apariencia de documento serio. El error no se nota al leerlo. Se nota meses después, cuando el arrendatario deja de pagar y descubres que la cláusula que creías tener no dice lo que pensabas, o dice algo que un juez no va a hacer valer. Para entonces ya firmaste. Ya confiaste. Ya perdiste.

Ese es el punto que lo cambia todo. En un contrato, un error no cuesta un almuerzo. Cuesta un apartamento, un pago, un negocio, una relación. Y la peor característica de una alucinación de un modelo generativo es que es fluida, convincente y gramaticalmente impecable. Suena a derecho aunque no lo sea. Le pide al usuario justo lo único que no tiene para dar: la capacidad de detectar que está mal.

No voy a construir un producto cuya promesa es "confía en este contrato" sobre una tecnología que, por diseño, a veces inventa con total seguridad. Punto.

El principio: IA en los bordes, flujos en el núcleo

De ahí sale el principio con el que está construido todo Contrappto.

El núcleo —el acto de generar el contrato— es determinista. No improvisa. No predice la siguiente palabra más probable. Ensambla un documento a partir de piezas legales que un abogado escribió y revisó de antemano. Dado el mismo caso, produce siempre el mismo contrato. Nada de azar donde no puede haber azar.

La IA vive en los bordes: en explicar, en orientar, en acompañar. En responder "¿qué significa esta cláusula?" o "¿me conviene un depósito o un codeudor?". Ahí, un error se conversa, se aclara y se corrige antes de que nada se firme, con un humano decidiendo al final. Ahí la IA suma de verdad.

La disciplina no está en rechazar la IA. Está en saber dónde no ponerla.

Qué significa "determinista" en la práctica

Sin entrar en las tripas del sistema, la idea es sencilla de imaginar.

El contrato no se "escribe": se recorre. El usuario avanza por un flujo de preguntas, en lenguaje cotidiano —qué está arrendando, por cuánto tiempo, con qué garantías— y cada respuesta abre un camino. Al final de ese camino, el documento se arma con las cláusulas que corresponden a ese caso concreto. Piénsalo como una red de caminos decisionales posibles: el usuario recorre uno, y cada tramo trae consigo el texto legal exacto que aplica.

La clave es que ninguna de esas cláusulas se genera al momento. Todas existían antes, redactadas y verificadas. El sistema no está creando derecho sobre la marcha; está seleccionando, con reglas fijas, el derecho correcto para tu situación. Esa es la diferencia entre un motor en el que puedes confiar y una máquina que redacta bonito y a veces miente.

Por último, otro aspecto clave de la filosofía de Contrappto es: no preguntes la etiqueta, deduce el hecho.

Si hay una sola idea de diseño legal que me gustaría que te llevaras, es esta.

La forma perezosa de construir un generador de contratos es preguntarle al usuario las categorías jurídicas directamente: "¿Este negocio es civil o comercial?". Es cómoda para quien programa y terrible para quien usa. La inmensa mayoría de las personas no tiene por qué saber qué significa eso, y esa distinción cambia cosas tan concretas como cómo se calculan los intereses de mora que le pueden cobrar.

La forma correcta es al revés: nunca preguntes una etiqueta jurídica. Pregunta un hecho que el usuario sí conoce y deduce la calificación por él.

En vez de "¿es civil o comercial?", preguntas: "¿Vas a usar este bien para tu negocio o para uso personal?". El usuario responde algo que sabe sin dudar, y el sistema, por detrás, deriva el régimen aplicable y ajusta las cláusulas que correspondan. La complejidad jurídica queda del lado del sistema, que es donde debe estar. El usuario solo habla de su vida.

Esa inversión —del label al hecho— es, para mí, el corazón del diseño legal bien hecho. Y me parece bonito compartirla, porque no es código que alguien pueda copiar: es criterio. Y el criterio se construye con años, no se clona.

Dónde la IA sí brilla

Nada de esto me hace anti-IA. Sería absurdo: la uso todos los días para construir.

La IA es extraordinaria justo donde el determinismo estorba: en la conversación. Un usuario que no sabe si necesita arras o cláusula penal no quiere un árbol de decisiones rígido, quiere que alguien le explique en su idioma qué le conviene. Ahí un asistente que orienta, que traduce el legalés a lenguaje humano, que responde dudas a medianoche, cambia la vida de la persona. Y ahí un error se atrapa a tiempo, porque todavía hay un humano decidiendo y nada se ha firmado.

Bordes: acompañar. Núcleo: garantizar. Cada tecnología en el lugar donde su naturaleza es una virtud y no un riesgo.

La lección, más allá de los contratos

Si construyes producto, la pregunta no es "¿uso IA o no?". Esa pregunta ya está mal formulada. La pregunta es dónde.

Determinismo donde un error es intolerable. IA donde amplifica el juicio de una persona en vez de reemplazarlo. Ese criterio —saber qué parte de tu producto no puede darse el lujo de improvisar— es lo que separa una herramienta seria de una demo impresionante que no aguanta el mundo real.

Meter IA en todo es fácil y está de moda. Saber dónde no meterla es más difícil, menos vistoso, y es exactamente el trabajo.

Cierre

Contrappto existe para que alguien pueda firmar un contrato y confiar en él. Esa confianza no sería posible si el documento lo hubiera improvisado una máquina que a veces inventa con elegancia.

Le dije que no a la IA en el núcleo no porque le tenga miedo, sino porque respeto demasiado lo que está en juego cuando dos personas firman. La IA acompaña. Los flujos garantizan. Y el contrato, ese, no puede alucinar.

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